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En un de sus últimos discursos a los discípulos les dijo Jesús: "Muy en breve, después de mi muerte, resucitaré en el medio de ustedes para darlos prueba eminente de mi presencia a vuestro lado, pero tengan como cierto, y no lo olviden que, no obstante sea invisible, siempre estaré presente al llamado de cada uno y todas las veces que me recuerden Yo estaré en el medio de ustedes. Aunque sus ojos no me vean, ni me toquen sus manos, me presentirán vuestros corazones yme escucharán vuestras consciencias porque la carne solamente por la carne es vista y el espíritu solamente por el espíritu".

Después de Su pasaje por la cruz Jesús le contó a María que había recibido una dispensación del Consejo Kármico para visitarla, y a Juan, durante treinta días para poder pasarles ciertos puntos de la Ley que antes no sería posible que fueran revelados.

Jesús acrecentó que había recibido un permiso para visitar María y otros discípulos durante cuarenta días antes de Su Ascensión para poder explicarles la Ley. Dijo también que Pedro, Tiago, Andrés, Juan, Lucas y las mujeres que lo amaban deberían estar en Betania.

Cuando Jesús mantuvo contacto con sus discípulos después de la Resurrección, ya no estaba en su cuerpo físico, pero sí en Su Santo Ser Crístico, cuerpo de Pura Luz. Al final de la prueba crística cada átomo y electrón se encontraban bajo su control consciente. Ese Cuerpo de Luz no precisaba de comida y bebida y no poseía carne ni huesos, pero Jesús podría hacerlo parecer como si fuera un cuerpo de carne frente a los discípulos, para convencerlos de su Presencia tangible. Acelerando su acción vibratoria podía atravesar paredes sin dificultad. Después de haber logrado el dominio sobre la materia El podía ayudar los otros a hacer sus trabajos físicos.

Durante cuarenta días apareció para María y los otros algunas veces por minutos otras por horas y les enseñó a todos a anclar los sentimientos de Amor en Dios Todo Poderoso.

El ejemplo de la resurrección debería ser útil para que un Foco de Luz que tuviera Vitalidad, el Fuego y la Fuerza necesarios para sustentarse en sí mismo cuando El y María ascencionasen y que sirviera para la Dispensación Cristiana.

Al final de los cuarenta días la separación entre todos y Jesús fue más serena y fácil. Todos habían logrado la comprensión de que la Ley debería ser puesta en acción y sabían, dentro de sus corazones, que Jesús estaría siempre con ellos.

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