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Juan, el discípulo llamado Bien Amado, e María, la Madre de Jesus dejaron que los amigos y compañeros cumpliesen los últimos ritos y bajaron por la colina con sentimiento de Paz Profunda y se dirigieon a Betania. Permanecieron allá durante dos días para recuperarse del sufrimiento de los últimos días. María pidió para quedarse sola porque así podría concentrarse mejor en la Acción de la Llama de la Resurrección y ayudar en la restauración del cuerpo martirizado de Jesús.

Ella rezó muchas horas y, casi dormida, escuchó la voz del Arcángel Gabriel en su conciencia usando las mismas palabras que cuando le confirmó el mesiado de Jesús: ‘Ave María! Llena de gracias!’ Al principio María pensó que estuviera soñando, pero Gabriel confirmó: "Jesús resucitó! El está viscorioso y Yo vine a traerte la primera noticia de la Victoria!’

El aposento se llenó de Luz y de la fragancia de lirio esparcido por todo el lugar. Cuando la Luz Branca disminuyó María pudo ver a Jesús envuelto en el manto blanco que Ella le había preparado. Ella quería estar segura de que era su hijo de verdad y quería tocar su rostro cuando Jesús le dijo: ‘ Mamá, soy Yo!’. Muy emocionados los dos se dirigieron a la ventana para ver el Sol que durante tantos años Ellos habían venerado como Generador de la Vida y Luz, una manifestación externa de Dios.

Jesús se separó de Ella y le dijo que necesitaba encontrar a los otros Discípulos porque Ellos estaban muy abalados y asustados con los últimos acontecimientos de la cruxificción.

El le explixó que, mientras estaba en la cruz, con la ayuda del Maha Choham y del Arcángel Gabriel había transmutado su cuerpo físico enviando Rayos de Luz desde su Presencia YO SOY absorviendo su energía carnal en su Santo Ser Crístico.

Ahora Jesús estaba operando en su Cuerpor de Luz Pura.

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