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Algunos de ustedes ya saben que una de mis encarnaciones, durante el ciclo evolutivo que pasé hasta llegar a la maestría, fué como San Paulo. Tal encarnación se pasó en el comienzo de la era cristiana coinciendo parcialmente con la vida de Jesús.

Al princípio no sólo no acepté el mensaje de Cristo como tambien perseguí furiosamente muchos de los primeros cristianos hasta el día en que me sentí llamado en el camino de Damasco. Yo no era ateo o materialista; seguía fielmente las leyes judías. 
Desde entonces reconociendo mi error tomé sobre mi el encargo de proteger e iluminar especialmente a todos los que caen en cualquier tipo de ceguera fanática bien como los que dudan de una causa nobre.

Gustaría de enfocar un punto relativo con esa encarnación como san Paulo: alguna vez se preguntaron por qual motivo el Señor me eligió como uno de sus apóstoles?  Yo que siempre lo desmentí y perseguí. No habría por ventura una justicia? Aquellos que comparten de las ideas de reencarnación y justicia Divina tendrán la respuesta más rápido a través de sus estudios. Por lo tanto me dirijo (con mucho amor) a los que aceptan la presentación ontordoxa de la verdad. Sin duda que mi elección se dió por los méritos que logré en encarnaciones anteriores y que, por motivos circunstanciales, estubieron escondidos durante algunos años.

Todavía quiero hacerles dos pedidos a los estudiantes de todo el mundo:

El primero es que busquen concentrarse dirigiendo sus energías a los cientificistas del mundo con la finalidad de ayudarlos a aceptar y probar objectivamente la existencia de un mundo invisible por detrás del mundo físico y que su intelecto pueda ser inspirado y completado por la intuición.

El segundo pedido es especialmente destinado a los estudiantes que sirven en los muchos grupos esotéricos y espiritualistas a los que les pido que no busquen la separación pero que se unan para servir de todas las maneras posibles. Sean universales de mente libre y corazón abierto en vez de fanáticos separatistas.

De esta forma, realizo a ligacaión entre el fin y el comienzo de lo que traje hoy para decirles.

Les dejo mi bendición, en nombre del Cristo, en nombre del Verbo emanado del Gran Silencio, en nombre del soplo cósmico del Aum Divino.

YO SOY Hilarion

Las nuevas escrituras – Centro de Unificación – Lisboa, PT
Ed. 1990 

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