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Tiempos atrás se reunieron tres Señores de los que nadie sabia ni el nombre ni de adonde venían.

 

 

 

 

 

 

Dijo el primero: Ya me dieron muchos nombres. Ya fui llamado de Shiva, Zeus o Júpiter, El Gran Anciano, El Todo Poderoso, Alah o Horus, y muchos, muchos otros nombres porque nadie sabe mi nombre verdadero.

 


Dijo el segundo:
Ya me dieron muchos nombres: Vishnu, El Hijo, Osiris, el Sol Espiritual, el Cristo Cósmico, Venus, El Gran Misterio, y muchas, muchas otras cosas porque nadie sabe mi nombre verdadero.

 

Dijo el tercero: Ya me dieron muchos nombres: fui llamado de Brahma, El gran Arquitecto del universo, Shakti, la Diosa Madre, Isis, y muchas, muchas otras cosas pero nadie sabe mi nombre verdadero. 

 

Los tres Seres estaban reunidos, el primero usaba un manto azul y un diamante brillaba en su frente; el segundo usaba un manto dorado y un sol en su frente y el tercero un manto rosa y una rosa y un volcán en su frente.

Prosiguieron Ellos hablando de la Tierra, su vértice de Luz y Amor y a la medida que hablaban la Tierra giraba rápidamente y el amor se expandía cada vez más. Los seres se amaron más, se unieron más, despertaron para la vida y quisieron aprender cada vez más.

Por todos los lados el brillo de los Soles se intensificó en cada ser y la Luz del segundo Señor fue creciendo hasta se hacer una con la Luz de los otros dos Señores que emitían amor para curar las heridas hechas por los compañeros de jornada a los que habían amado y abandonado.

Los Tres Señores estaban juntos. Si uno de ellos faltase el Universo no sería el mismo. Sus rostros no visibles se reflejaban en el pasado y el presente en el rostro de los seres vivos.

Los mundos gobernados por los señores evolucionan grandemente y los seres se comunicaban con ellos a través de Símbolos: un era la Espada del primero Señor, el otro el corazón del segundo Señor y el otro el cáliz del tercer Señor. El camino para Ellos era uno y era todos, juntos, el mismo camino. Ese camino estaba escrito en todos lados y tiene que ser encontrado por cada ser vivo en la Tierra.

 

La voz de los Tres señores decía, dijo y dirá:

Que cada uno se reduzca al nada que es y encuentre ahí la grandeza adonde está inmersos. Que cada uno busque en sí mismo la manera como nosotros estamos presentes en ellos. Que cada uno busque en las estrellas y el cielo y haga brillar en sí mismo el brillo de estos cuerpos celestes. Que todos encuentren en la nulidad la diferencia entre la muerte y la vida. Que todos hablen en silencio. Que todos coloquen la corona que los hará reyes y reinas de su propia energía de vida. Que todos sean dueños del cetro del poder. Que después de haber aprendido a mirar en la dirección de adonde vienen todas las cosas se reencuentren con los hermanos de los que alejaron y vuelvan para la gran comunión.

 

Estos tres Señores son y están adentro de uno mismo: en el centro del corazón, brillando incesantemente como la Llama Trina, en al energía Poderosa del Amor, de la Fe y de la Sabiduría nos dicen: YO SOY EL YO SOY!

 

Inspirado en el libro As Novas Escrituras – Centro Lusitano de Unificação Cultural         

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