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 Después que los discípulos y el Maestro terminaron la Última Cena fueron a Getsemaní; María, la Madre de Jesús y la otra María y Marta tomaron la sábana que María había preparado y la doblaron cariñosamente con cuidado.

María, la Madre, sabía que al día siguiente esa sábana envolvería el cuerpo de su hijo hermoso.

El Cáliz de la última cena fue envuelto en una servilleta y dado a José de Arimatea para que lo guardara en seguridad.

Entonces María entró en oración ferviente porque el día siguiente le traería una de sus pruebas más importantes para la que se había preparado en el Templo de Luxor y practicado la respiración para soportar todo ese tiempo de sufrimiento inmenso.

De pie sobre la colina del Calvario, María observaba la codicia de los que se divertían con ese espectáculo terrible y Ella se apegó al Concepto Perfecto del Cristo Resucitado.
Concentrada invocó el nombre del Señor Maitreya, de Helios y Vesta; llamó a Su lado su Grande Amigo Arcángel Gabriel y a todos los que, anteriormente, en el nacimiento, habían estado a Su lado.

Ella vio sobre Jesús la luminosa, brillante Presencia del Señor Maitreya y la aproximación de Gabriel.
María se recordó de José; sentía falta de su presencia serena.

Pensó en los discípulos que todavía no habían anclado completamente en la conciencia el momento que estaban viviendo y lo que estaba sucediendo. El miedo había apoderado de ellos. A pesar de todo esto María lograba mantener la atención sobre la Perfección de Jesús y sabía que ni la lanza o la corana de espinas, ni los clavos de la cruz podrían afectarlo.

Ella estuvo a su lado, manteniendo la Llama de la Resurrección sobre su Hijo y concentrando sus Energías en el Modelo creado para esta finalidad. 

Durante más de tres horas el cuerpo de Jesús estuvo entre los dos ladrones. Juan, el discípulo Bien Amado, estuvo siempre al lado de María cuidando de todo para que Jesús pudiera pasar por aquella iniciación y resucitar en la mañana de Pascua y finalmente ascender.

Cuando Jesús nació los Tres Reyes Magos le dieron de regalo sándalo, oleos y mirra que María guardó con amor y que ahora serían usados para ungir el cuerpo de Jesús y envolverlo en la sábana. 
Ahora el cuerpo estaba preparado para su tumba.

Mensaje canalizada por María, Madre de Jesús, a través de W. Schroeder


RITUAL DE CONSAGRACIÓN DEL CIRIO PASCUAL

Para hacer el Sábado de aleluya

El sábado de aleluya escriba con lápiz en una vela blanca de siete días las palabras YO SOY y debajo dibuje el símbolo Alpha y Omega (vea la figura al lado)

Encienda la vela y diga la Invocación que sigue. Apague cuando terminar de orar.

Esta vela servirá para todo el año hasta la próxima Pascua para encender todas las velas que use en su casa. No es para dejarla encendida es para ser la Llama transmisora. 

 

INVOCACIÓN

En el nombre de la Poderosa Presencia YO SOY

Invoco a las fuerzas cósmicas de la Luz

para que me envuelvan en un círculo de protección.

Invoco el Poder de Jesús, el Cristo

Enciende, enciende, enciende

esta vela

símbolo de la Luz Eterna

y que Ella sirva para iluminar mi vida

como Cristo nos ilumina.

YO SOY el Alpha y Omega

YO SOY el Principio y el Fin

YO SOY LA LUZ que nadie puede apagar!

YO SOY el Cristo en mí y a través de mí expandiéndose para toda la humanidad.

YO SOY!    YO SOY!   YO SOY!

 

 

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