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Buscamos siempre la auto-protección: queremos estar seguros. La vida nos parece segura, independientemente de quejarnos de la seguridad social, sabemos que en cuanto estemos en la Tierra estamos vivos y seguros, por lo menos psicológicamente,de lo que es completamente desconocido aunque se tenga tantos discursos con respecto a esto. Nada ni nadie está pronto para morir, ni el más preparado de los espiritualistas ni la más sufridora de las personas. Que se desee la muerte es otra cosa.
La muerte: medio de fuga
Podemos desear la muerte como un medio de fuga, frente a problemas considerados demasiado difíciles sería preferible morir. Ni todos lo logran porque nuestro camino en la Tierra es de Luz y la muerte del cuerpo físico es un momento de oscuridad, de fin, de término. Cuanto este término se pasa de modo incorrecto como en un suicidio, se encurta el tiempo que nos fue designado vivir y, por lo tanto, aumenta el sufrimiento posterior ya que solamente se mata y se muere en lo físico. Es como al quemarse una lámpara, la misma no funciona más, pero la luz sí. Basta con cambiarla por una nueva. Vemos la muerte diariamente, todas las personas con las que cruzamos están muriendo y nosotros también, pero para entenderla de hecho precisamos destituirla de todos los pre-conceptos religiosos.
Cuándo se inicia la muerte?
La muerte es un proceso que se inicia en el nacimiento, es la conclusión del tiempo que se pasa entre nacer y partir, con todas las esperanzas, temores y sobre todo, lo aprendido. Por este debemos aprender a estar prontos para morir viviendo el presente de la mejor manera, siempre, manteniendo la vida en orden y no poniendo la atención en la muerte. Vivir no es morir. El morir es tan temeroso para todos que rápidamente se encuentran medios de librarse de los cuerpos sin vida, pero las religiones criaron días especiales para recordarla como si nos dijesen: Mira, cuidado, no olvides que esto también te va pasar un día. No deberíamos tener miedo de la muerte-desconocida porque si no conocemos algo no sabemos como es, entonces permitámonos vivir cada día con la mente de un pesquisidor: curiosa y queriendo saber cada vez más. Somos condicionados a tener miedo de lo desconocido desde que la mamá le dice al niño: cuidado no pongas el dedo en el enchufe! Queremos que el miedo se vuelva algo conocido, pero sin pasar por las experiencias dolorosas. Solo porque alguien nos dice, así surgen las religiones castradoras diciéndonos que las alternativas no son muy alegres; si no somos buenitos nos espera el purgatorio o el infierno; o se arde en el fuego infinito o se va para el umbral para ver todo lo que se hizo de malo en la Tierra, así no tenemos una visión muy buena de lo que es posterior a la vida que se conoce.
La muerte es inevitable
La vida y la muerte son inevitables. La vida es el tiempo que se pasa entre nacer y morir. Pensamos en la muerte como si perteneciera al futuro, pero morimos y vivimos siempre en el presente. Cada día se mueren células, cabello, uñas, piel y cuerpos completos, pero no mueren los sentimiento, apegos a las cosas materiales, miedos. Por esto se sufre. Quien no quiere morirse no tiene que nacer, pero como hacerlo, si no depende de nosotros? Hoy dejemos que el ayer muera, que salga de nosotros la inseguridad de la vida, todo el apego a los bienes materiales: dinero, suceso, fama, amores que ya murieron (como relación) pero que todavía se los quiere tener vivos. Cuando el Maestro dice a sus discípulos: Deja todo y sígueme, refieres a la vida. Para vivir tenemos que dejar el apego sentimental y VIVIR, con mayúscula, aceptando todas las oportunidades que se tiene. La muerte es una renovación, una transformación, un paso necesario al espíritu para que se pueda volver y continuar el camino hasta llegar a la Luz definitiva.
Encontrando una razón para morir
Si encuentra alguien que le dice que está pronto para morir esté seguro que adentro de sí mismo, bien en su íntimo, esta persona perdió el don de la alegría y esperanza y, tal vez, tenga encontrado una explicación pronta para la muerte. Sería bueno que ahora encontrase también una razón para la vida en lugar de esperar la muerte. Para saber realmente como es la muerte tenemos que morir, entonces dejemos que este momento llegue naturalmente y dediquémonos a vivir. Naturalmente también, un día por vez, con todas las experiencias, alegres o no, pero que seguramente hacen parte de nuestro camino hasta que se llegue al final. Por lo menos en esta encarnación. En la próxima nos encontramos de nuevo y cambiamos ideas y, quien sabe, nos reímos mucho de los miedos que tenemos ahora! Con amor de la amiga Raquel Possi.

Parece que los seres humanos precisamos de fechas especiales que nos recuerden la transcendencia de la vida. Hoy es un de esos días. para hablar en muertos es necesario que se hable en muerte. Nada comprendemos de la vida si no comprendemos la muerte. Por lo general traemos a la consciencia lo que se vino a concretar (en todos los sentidos) cuando estamos casi perdiendo lo que tenemos, también en todos los sentidos: material e espiritual. Krishnamurti escribió una historia muy interesante a este respecto: un día un hombre le pidió a Dios que le enseñase la Verdad. Dios entonces le dijo: ‘Mi amigo, hoy está haciendo mucho calor, por favor, búsqueme un vaso con agua’. El discípulo sale y en la primera puerta que llama encuentra una joven muy bonita de quien se enamora, se casan y tienen muchos hijos. Pero, un día cae una lluvia torrencial y con miedo de perder todo lo que poseía arrastrado por el agua, se agarra a la mujer e hijos y dice: ‘Señor, te lo suplico, sálvame!’ Entonces el señor le contesta: ‘Adonde está el vaso con agua que te pedí? Todavía lo estoy esperando.’ Lo que es importante para uno se transforma en algo completamente inútil para los demás. Frente a un peligro real llamamos a Dios y le pedimos ayuda sin recordar que El está todos los días al lado nuestro y no le damos la importancia necesaria.
Buscando seguridad
 

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